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Ahora comprar era
como en París

Entrar, ver, tocar: sentir

Una de las mayores desventajas de los cajones de ropa a la usanza española era que el cliente no podía sentir y escoger con sus propias manos la mercancía. En la nueva tienda había maniquíes que lucían los vestidos, así como estilizadas vitrinas que exhibían broches y botones para las prendas hechas a la medida. Aún había bancos frente a los mostradores para las cosas pesadas, como los rollos de tela y las damas se sentaban allí a estudiar el catálogo de “figurines” o “patrones” con los que ordenaban su atuendo por número y talla. Todo había cambiado, incluso tradiciones arraigadas como la del regateo, que se cortó de tajo cuando se introdujo la novedad de presentar “precios invariablemente fijos”,  lo cual provocó una pequeña revolución entre compradores y vendedores.

Cromolitografía de la Gran Fábrica de Paraguas y Camisas, El Palacio de Hierro, 1895.

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Un lugar para cada cosa,
y cada cosa en su lugar

El almacén, organizado ahora por departamentos, ofrecía de manera ordenada productos tan diversos como fuentes y candelabros de plata, de marcas tan prestigiosas como Christofle, cristal de Baccarat y porcelana de Limoges. Las plantas, acomodadas en jardineras y macetones, servían de adorno, pero también se vendían. Había juguetes, muñecos de cuerda y los famosos bebés y muñecas Jumeau, con sus caritas de porcelana y cejas anchas.

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Publicidad del Departamento de Vestidos y Confecciones, ca. 1904.

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Publicidad de El Palacio de Hierro, ca. 1905.

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Página publicitaria del Departamento de Juguetes de El Palacio de Hierro, ca. 1904.

De color malva hasta las enaguas

Antes de despedir el siglo, la moda y las costumbres sufrieron una gran transformación: los últimos descubrimientos científicos abonaban en el campo del vestido, cambiando poco a poco la cara de la sociedad. Para el mundo de la moda, la última década del siglo XIX es conocida también como la ‘década malva’, debido a que por primera vez se usó este colorante artificial de diferentes tonos de violeta en los textiles. El color parecía anunciar más cambios: trabajos fuera del hogar para la mujer y la existencia de ropa deportiva, aunque, eso sí, todavía con el uso incuestionable del corsé en la clase alta.

La icónica fachada de El Palacio de Hierro Polanco

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