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Los Barcelonnettes

Entre adoquines y pregoneros

Imaginemos la Ciudad de México que encontraron los barcelonnettes: calles elegantes por donde fluía el bullicio, la vida, los carros jalados por caballos y su olor característico; una urbe de 200 mil habitantes donde pregoneros  ofrecían sus mercancías a voz en cuello, la mayoría recién llegados del paisaje rural. Cuando J. Tron y J. Léautaud abordaron por pura coincidencia el mismo paquebote francés –llamado “Tampico”– que atracó en el Puerto de Veracruz en octubre de 1864, era difícil imaginar la profunda transformación que sufrirían sus vidas y el discurrir cotidiano de esta nación.

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Joseph Léautaud

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Joseph Tron

Entrevista con Jocelyne Signoret

 

Jocelyne Signoret, descendiente directa de la familia de barcelonnettes fundadores de El Palacio de Hierro, nos comparte sus memorias.

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Hermanos Léautaud hacia finales del siglo XIX.

Los recién llegados

La base del éxito de los barcelonnettes era su ayuda mutua: se reconocían como paisanos y se comprometían de manera vigorosa con los recién llegados, asociándose para encontrar el equilibrio económico y prosperar en México o regresar al terruño. A su arribo, J. Léautaud se ubicó en el cajón de ropa llamado La Valenciana, mientras que J. Tron trabajó para las Fábricas de Francia. Estos dos barcelonnettes nunca olvidaron la amistad trabada durante su viaje en barco a México y después de ahorrar sus sueldos durante 27 años, se unieron para comprar una parte de la empresa V. Gassier y Reynaud. Esta primera operación sería la base para la razón social J. Tron y Cía., precursora directa de El Palacio de Hierro.

Una ética de trabajo impecable

Como se sabe por las cartas que J. Tron le escribía a su hermano Jules, una  férrea ética de trabajo mantuvo a flote a los barcelonnettes. Aquí, un fragmento de una carta de Joseph a Jules, fechada el 28 de julio de 1865

“A las 7 de la mañana hay que entrar a trabajar, horario que se extiende hasta las 8 de la noche. Esta vida parece pesada, pero piensa que no vienes aquí para ser el rey de Prusia, sino para ganar dinero con el fin de que tu familia tenga una vida feliz…”
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Grabado de la antigua Fábrica de Francia, 1867.

Algo en aquellas palabras debió convencer a Jules, quien llegó en 1872 a México para ayudar a su hermano Joseph. Más tarde llegaría también su sobrino, Joseph M. Signoret quien, junto con su tío Henri Tron, quedarían a cargo de El Palacio de Hierro, el primer almacén de departamentos de este país.

La icónica fachada de El Palacio de Hierro Polanco

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